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Muchas empresas se están dando cuenta que las utilidades mayores derivan, no de los productos que venden, sino de los servicios de valor agregado que entregan a los clientes. Las empresas deberían brindar servicios “óptimos”, incorporando inteligencia, innovación y conectividad a los productos/servicios. Las mipymes, además, deberían siempre tratar de cultivar relaciones justas, fructíferas y de largo plazo con los clientes. Los clientes no compran características de productos; buscan soluciones a sus problemas o satisfacción a sus necesidades, al menor TED (tiempo-energía-dinero). Por tanto, las mipymes pueden actuar como empresas creativas, pero unificadas, proporcionando un producto/servicio único en su nicho (alto nivel de especialización). Pueden actuar también como proveedores de soluciones globales e integradas, siendo capaces de brindar un rango amplio de servicios de valor (diversificación). Las mipymes, por último, pueden crear sinergias con otras empresas, contribuyendo con información/funcionalidad de valor para trabajar en red con otros proveedores de productos/servicios. Cualesquiera que sean los modelos de negocios adoptados por las compañías, deberán eso sí velar por un principio sustancial e imperecedero: la satisfacción del cliente.
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