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Los hombres se aferran a los bienes materiales como si lograsen llevárselos en el final, en el camino eterno. Luchan por obtener fama, riqueza o poder, o todo ello junto, cuando en verdad somos seres imperfectos y finitos. Se desgastan, se desvelan, se estresan, con tal de alcanzar aquellos “supuestos lujos”, que sólo llenan momentáneamente el ego. El ego (su satisfacción) es sólo aparente y no lleva a nada bueno, pues su sed es insaciable. Hay personas que insisten en proclamar que su verdad es la única y verdadera, y que el resto está equivocado. Antojadizamente, cuando el resto coincide con su visión de cómo tienen que ser las cosas, afirman que la mayoría los apoya en su forma de ver tal o cual asunto, y que se debería seguir el dictamen de la mayoría. Se vanaglorian destacando sus logros y miran por debajo del hombro a otros seres humanos. Ese tipo de decisiones, aleja a las personas; ese tipo de actitudes, del tipo “estás equivocado”, corta el flujo armonioso de la comunicación humana y hace difícil el trato directo, lineal, ameno y relajado. Evite ponerse por sobre el resto o creer que sus logros, problemas o necesidades son más importantes que los del resto. Si hay algo que nos hace seres humanos es que podemos tomar decisiones, nuestras propias decisiones. Usted es el único dueño de su propio destino.
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