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Antes de elegir las metas, es prudente que el emprendedor elija primero lo que quiere llegar a ser (¿quién se es?, ¿por qué se está aquí? y ¿hacia dónde se dirige?). Los emprendedores necesitan un sentido de propósito, que proporcionará significado, que los hará sentirse útiles, recordándoles que su vida tiene importancia. Cuando ocurre aquello, viven desde adentro, y lo que son “provoca” lo que hacen. Sus valores, deseos, actitudes, pensamientos y principios, se reflejan en su proyecto, en su aporte al mercado y en las relaciones que mantienen con la comunidad. Tarde o temprano, los emprendedores se enfrentan con la pregunta acerca del propósito de su existencia. Más vale estar preparado o buscar en forma incansable la respuesta. Mientras más pronto se conoce la respuesta, mayores son las contribuciones a la sociedad. Mientras mayores son los aportes al bienestar social, más altas las posibilidades de éxito empresarial. Cuando el sueño surge desde el interior, se produce una dirección interna y la autodisciplina se logrará sin esfuerzo. En lugar de competir con otros o compararse incluso, más sano será -a pesar de las resistencias externas y del conformismo- tratar de seguir su sueño supremo y disfrutar haciendo aquello que se hace mejor.
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