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Mientras más alto subimos en la jerarquía empresarial, más alto el riesgo de equivocarnos (más grandes las consecuencias de nuestros actos). Así, podemos convenir que el comportamiento defensivo, en los altos niveles de la organización, es comprensible. Casi todas las empresas son tradicionalistas, lo quieran reconocer o no (a pocas organizaciones les gusta cambiar). En este sentido, un nivel de autocrítica pueda ser sano para revisar nuestra identidad, nuestros valores/objetivos y nuestros errores (nuestros aciertos); y si es posible, avanzar en la construcción de identidad (y por ende, en la construcción de la imagen corporativa). Toda estructura organizacional no es trivial, sino que está profundamente arraigada en la dirección general de aquella. Identificando algunos enemigos del aprendizaje organizacional, que rigidizan la mecánica comunicacional, podemos enumerar: incapacidad de admitir que no sabemos, juicios autoimpuestos, ceguera cognitiva, saberlo todo (siempre), no asignarle prioridad al aprendizaje, la gravedad, la trivialidad, el menosprecio a las emociones en el proceso de aprendizaje, no legitimar al que nos enseña, la desconfianza, juzgarlo todo, aparentar y la incapacidad de desaprender. En la medida que nos flexibilicemos, cederemos al aprendizaje… y la gestión mejorará.
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